Perripapás (y Perrihijos)

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El año pasado pasé unos días en Londres para conocer la ciudad antes de regresar a México. Me tocó ver el cambio de guardia en la entrada del Palacio de Buckingham. La multitud de turistas se empujaba y las cámaras sobresalían de las cabezas para tomar el mejor ángulo de los guardias saliendo del palacio.

Desde atrás, una turista pedía que le hicieran espacio. Al voltear, veíamos que llevaba una carreola y de inmediato los policías y turistas la dejaron pasar. Cuando pasó frente a mí, pude ver que era una carreola muy pequeña y su ocupante era un perro.

El ser humano es capaz de enamorarse de casi cualquier cosa o ser. Lo complicado de tener hijos y la facilidad de comprar o adoptar una mascota le dieron la oportunidad de encauzar ese cariño que antes podía darse a los hijos pero que ahora, ante lo complicado de la paternidad, se pasa a los perros.

Así nacieron los perrihijos. Son perros que reciben cuidados de hijos por parte de sus dueños o hasta mejores que muchos seres humanos: comida de primera, accesorios, juguetes, los llevan a estéticas especiales, comen en lugares especiales, llevan una dieta rigurosa y fina, acompañan al dueño a sus viajes, a restaurantes y al banco y siempre son consentidos.

¿Cuántas veces no han oído “Es que mi perro es como mi hijo” o “Nuestro perro es como de la familia”? muchos de ellos comen mejor que muchos niños de la calle a los que nadie ayuda.

Pero más importante que los perros, son sus dueños: los perripapás. Personas solteras o casadas sin hijos que adquieren al perro para compensar al hijo que aún no llega, les enseña cuestiones de responsabilidad y de hacerse cargo de alguien que depende completamente de ellos.

Su vida gira en torno a los perros: sus vacaciones las planean a lugares donde puedan llevarlos o evalúan dónde dejarlos encargados, les compran comida especial, lo llevan a la estética, les compran juguetes especialmente diseñado para su raza o tamaño, los llevan a hacer ejercicio, a fiestas con amigos, les compran ropa y los cargan en su bolso. Muchos de ellos prefieren perros pequeños, como el Chihuahua o el Pomerania pero, como siempre, hay excepciones.

Es el nuevo segmento de mercado que surge en centros urbanos. Porque tener al perro en la azotea ya no está de moda.

 

RP, publicista, dibujante, aprendiz de escritor, bloguero ocasional, devorador de libros y fan de la música. Siempre en busca de historias que contar.

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