Santa Fe: cuando el transporte público no sirve

Actualidad Mundo Wingwind

Hace 10 años tuve mi primer empleo en Santa Fe. Hace dos volví a trabajar ahí y el año pasado tuve mi último empleo en esos rumbos. Las tres experiencias las viví de manera diferente y fueron una auténtica tortura en cuestiones de transporte.

En el primer empleo, no tenía coche ni dinero ni existía Uber, por lo que tomaba el transporte público. 3 horas diarias de mi vida la vivía parado en un camión. En el segundo, tenía coche propio, salía a las 6 de la mañana y regresaba a casa a las 9 para evitar el tráfico; el cansancio me hizo un día cabecear y chocar. En el más reciente, pagaba Uber Pool cada mañana al no tener coche y me salía en 100 pesos diarios, es decir, más de 2,000 pesos al mes para ir a trabajar.

Mi historia no es única: se estima que diariamente 233 mil personas van a Santa Fe diariamente, ya sea para trabajar o estudiar. La zona, edificada donde hace 30 años había basureros, cuenta con el problema de no tener entradas ni salidas eficientes de la zona y aquellas que buscan agilizar el tránsito son de cuota. Se estima que en promedio la persona recorre 26 kilómetros para entrar y salir de la zona. En caso de tener coche, puede gastar en gasolina hasta 16,500 pesos.

Aquellos que han ido en transporte público saben que es una tortura: hay sobre cupo, pocas unidades, los usuarios van de pie y no hay muchas paradas ni rutas. El gobierno tuvo la oportunidad de llevar Metrobús a la zona con la línea 7 y la dejaron por quejas de vecinos y pocas unidades disponibles. 41% de los traslados a Santa Fe son en autos particulares y hay en promedio 1.2 pasajeros por coche, es decir, la mayoría viaja solo, es decir, hay un uso ineficiente de recursos de transporte.

Recientemente se me presentó una oportunidad de integrarme a una empresa también por esos rumbos. Evaluando posibilidades, conocí servicios de transporte alternativos. Normalmente cobran alrededor de 50 pesos por viaje y salen de zonas como Lomas Verdes, Polanco, Balderas y hasta Pantitlán, cuentan con unidades equipadas con aire acondicionado y Wi-Fi. El pago da derecho a un asiento, así que el traslado se puede hacer sentado. Buena opción para ejecutivos o gerentes que no quieren ir en coche pero tampoco llegar hechos una sopa por tomar el bus.

Las tres empresas que he visto son Urbvan, Caravana y Jetty. A mi parecer, ofrecen un servicio eficiente, con una plataforma que opera bien y el precio le parece justo a los clientes, deben tener todas las facilidades del gobierno para operar. Sin embargo, no es así.

Similar a lo que pasó con Uber al llegar a México, los transportistas vandalizaron y amenazaron a conductores y unidades de Jetty para no ofrecer el servicio de Lomas Verdes, mientras que otros lanzaron rumores de que Urbvan no tenía permisos para operar, lo cual no era cierto. Las autoridades no se han pronunciado al respecto porque en entidades como la Ciudad de México y el Edomex, el transporte concesionado se ha convertido en apoyo clientelar para el gobierno en turno y por eso no ha existido un esfuerzo serio para regularlo.

No es posible que si el transporte público a la zona de corporativos más importante del país no tiene regulación, estándares de calidad ni unidades suficientes (ya no digamos en buen estado), las autoridades prefieran hacer oídos sordos cuando los emprendedores buscan aprovechar la oportunidad y satisfacer esa necesidad que tiene la gente de llegar a sus puestos de trabajo.

Y dejemos de lado a los Godínez normales, a los oficinistas que tienen cierto nivel de ingreso. Pensemos en la gente que ejerce oficios o presta servicios: el poli de la entrada, la señora de la limpieza, el mesero del restaurante, el bolero. Son personas que no cuentan con el ingreso suficiente para un coche ni para los servicios ejecutivos que mencioné y en muchos casos deben llegar mucho antes que el resto de los empleados. Nadie piensa en ellos a la hora de transporte público.

Por eso los corporativos han invertido fuertemente en transporte privado para sus empleados: podemos ver a partir de las 5 autobuses amarillos bajando desde Santa Fe, una prestación que se le da a los empleados atendiendo esta necesidad, pero hay muchas empresas que no ofrecen el servicio o lo ofrecen en ciertos horarios.

Curioso que Santa Fe sea una de las zonas que mueven al país, la que percibe mayor inversión y a la vez no se planteen solucione serias al problema. Esto escala y se brinca a los puestos bajos y medios, pues altos gerentes también sufren del tráfico y son pocos los que pueden costear ir a sus empresas en helicóptero.

Existe otra opción: el desarrollo inmobiliario en zonas como Reforma o Insurgentes apuesta a que las empresas grandes “se bajen” de Santa Fe a zonas donde hay mayor oferta de transporte público, lugares para comer y sitios de esparcimiento. El problema con esto es que quedan lejos de las casas de los CEO’s, que son zonas como Bosques de las Lomas, Santa Fe o Interlomas.

¿Qué otra opción? Las oficinas virtuales o la renta de espacios de Coworking para trabajo a distancia, el Home Office y las facilidades que da el teletrabajo gracias a computadoras móviles y Smartphones abra una posibilidad, pero contrasta con la cultura organizacional de desplazarse a un lugar de trabajo y “si no te veo, no trabajas”.

Mientras tanto, sigo evaluando opciones. Una de ellas es no ir a trabajar a Santa Fe.

RP, publicista, dibujante, aprendiz de escritor, bloguero ocasional, devorador de libros y fan de la música. Siempre en busca de historias que contar.

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