Smartphone: tu alma en un rectángulo

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En la trilogía His Dark Materials se juega con la idea del multiverso. En uno de estos universos, las almas de las personas no están dentro de sus cuerpos sino que tienen forma de criaturas que se vuelven acompañantes y guardianes de cada persona: se les conoce como Daimons (o Daimonions en su traducción al español).

Los Daimons podían hablar, eran del sexo opuesto al de su dueño y en la niñez podían cambiar de forma a voluntad, convirtiéndose en todo tipo de animales. Cuando la persona alcanzaba cierto grado de madurez, normalmente al comenzar la adolescencia, adquieren forma definitiva, misma que conservarán el resto de la vida de sus dueños. Cuando estos mueren, los Daimons se desvanecen.

Este concepto llegó a mí una tarde en la Alameda mientras revisaba el teléfono y me senté a descansar. No había reparado en que todos a mi alrededor estaban enfocados en sus teléfonos. Estábamos.

Si bien dicen que el mundo dejó de ser redondo para convertirse en un rectángulo, la dependencia al teléfono móvil se nos ha ido de las manos: en el Metro, parques, en el cine veo a gente enfocada en sus pantallas. Los smartphones se han convertido en la herramienta perfecta: mensajes, fotos, música, vídeos, redes sociales hacen que lo tengamos siempre a la mano para sacarle provecho a nuestros momentos del día a día.

Por eso, una descompostura o defecto de fábrica en el móvil puede convertirse en la peor de las desgracias. Sabernos incomunicados puede llegar a ser estresante: ¿cómo podremos seguir en contacto con nuestros padres? ¿Qué pasa si me llaman de ese empleo al que apliqué hace tiempo o ese cliente que prometió resolverme? ¿Cómo sabrán mis seguidores todo lo que viví en mis vacaciones si no hay fotos que lo comprueben? ¿Qué voy a hacer sin música? ¿Confrontarme con mis pensamientos?

Sí, esto podría controlarnos si, como pasa con cada potencial adicción, le permitimos que nos domine. Nuestro narcisismo juega en nuestra contra, ya que sobreestimamos nuestras propias vivencias: como son importantes para nosotros, asumimos que son para quienes nos rodean y eso detona la necesidad de estar publicando contenido, ya que un like, comentario o reacción detona los centros de placer del cerebro asociados con la recompensa inmediata.

Hace unos días decidí cerrar mis principales redes sociales para evitar ese impulso de compartir todo lo que me pasaba u opinar de cuanto tema llegara a mi timeline. Me limité a conservar Facebook para gestionar las páginas de mis clientes y leer las noticias del día. Si bien los primeros días me atacó ese síndrome de abstinencia, al finalizar la primera semana puedo decir que no extraño el escribir compulsivamente o subir fotos de todo. Aproveché para salir de la ciudad, viajar y tomar fotos que solamente serán para mí y quedarán en mi teléfono. Una escapada en solitario como en los viejos tiempos del otro lado del charco.

Nuestros teléfonos se han convertido en nuestros Daimons. Nos acompañan, desarrollamos con ellos una relación casi simbiótica, vemos el mundo a través de ellos, siempre los llevamos y su ausencia nos produce ansiedad. Aunque en honor a la verdad, no solamente son un instrumento lúdico. Este texto lo estoy escribiendo en mi móvil mientras voy en el autobús de regreso del viaje que les comenté arriba.

Sí a fin de cuentas lo que tenemos (y por lo que algunos pagan auténticas fortunas) es una computadora de bolsillo mucho la avanzada que las pesadas PCs de escritorio de hace 20 años, ¿por qué no sacarle provecho? Es decir, darles mejor uso que solamente Facebook, Twitter y Whatsapp.

Así que aunque di de baja mis redes sociales, mantuve el teléfono para comunicarme con clientes, gestionar sus redes sociales, generar contenido, subir anuncios clasificados e incluso grabar la vídeo reseña de un libro que traje para el camino (¡terminé 2 libros en la primera semana de detox digital!). Para mí el teléfono es una herramienta de trabajo.

Como ves, todo depende del uso que le demos y el control que tengamos sobre la potencial adicción: pasa con el alcohol, los videojuegos, el sexo y las series de Netflix. El ser humano tiene la peligrosa cualidad de hacerse adicto a casi cualquier cosa si lo permite.

Antes de dormir, mientras pones el teléfono a lado de tu cama y revisas que la alarma esté puesta, es un buen momento para preguntarte: ¿tienes pleno control de ese dispositivo o este es el que te controla?

RP, publicista, dibujante, aprendiz de escritor, bloguero ocasional, devorador de libros y fan de la música. Siempre en busca de historias que contar.

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